DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO, 26 DE JUNIO

DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO

          PAPA FRANCISCO: En el Evangelio de hoy, san Lucas comienza el relato del último viaje de Jesús a Jerusalén, que terminará en el capítulo 19. Es una larga marcha espiritual y teológica hacia el cumplimiento de la misión del Mesías. La decisión de Jesús es radical y total, y los que le siguen están llamados a medirse con ella. El evangelista nos presenta hoy a tres personajes ―tres casos de vocación, podríamos decir― que ponen de relieve lo que se pide a quien quiere seguir a Jesús hasta el final, totalmente.

El primer personaje le promete: «Te seguiré adondequiera que vayas». ¡Generoso! Pero Jesús responde que el Hijo del Hombre, a diferencia de los zorros que tienen guaridas y los pájaros que tienen nidos, «no tiene donde reclinar la cabeza». La pobreza absoluta de Jesús. Jesús, en efecto, ha dejado la casa de su padre y renunciado a toda seguridad para anunciar el Reino de Dios a las ovejas perdidas de su pueblo.

El segundo personaje con el que Jesús se encuentra recibe la llamada directamente de Él, pero responde: «Señor, déjame que vaya primero a enterrar a mi padre». Es una petición legítima, basada en el mandamiento de honrar al padre y a la madre. Sin embargo, Jesús contesta: «Deja que los muertos entierren a sus muertos». Con estas palabras, deliberadamente provocadoras, tiene la intención de reafirmar la primacía del seguimiento y la proclamación del Reino de Dios, incluso por encima de las realidades más importantes, como la familia.

El tercer personaje también quiere seguir a Jesús pero con una condición, lo hará después de haber ido a despedirse de sus parientes. Y esto es lo que se escucha decir del Maestro: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás, es apto para el Reino de Dios».

¡Que la Virgen María, icono de la Iglesia en camino, nos ayude a seguir con alegría al Señor Jesús y anunciar a nuestros hermanos, con renovado amor, la Buena Nueva de la salvación! (30-6-2019).

LECTURAS DEL DÍA: (1Re 19, 16b.19-21; Sal 15, 1b-2ª. 5.7-8.9-10.11; Gál 5, 1.13-18; Lc 9, 51-62).

SEÑOR JESÚS, con qué radicalidad exiges que te sigan, y que yo te siga. Y ante tu invitación -¡Sígueme!-, no tengo otras palabras que: Te seguiré adonde vayas, en la pobreza y el desprendimiento de lo que impida seguir tu invitación y tus pasos. No hay maestro más certero que tú. Ni más sabios consejos que los tuyos. Ni compañía más segura y fiel que la tuya. QDTB.

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REFLEXIÓN- Domingo 13º del Tiempo Ordinario. C 26 de junio de 2022

LA VOCACIÓN DEL DISCÍPULO 

 “Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo.”  Con esas palabras responde Eliseo a la llamada que le dirige el profeta Elías. De hecho, Eliseo ofrece un convite a su gente y regresa para seguir al maestro que lo ha llamado. Así se nos cuenta en el texto que se lee en la primera lectura de este domingo (1 Re 19,16b.19-21). 

El profeta Elías había sido llamado por Dios para defender la fe de Israel, que se veía amenazada por el culto a Baal, que había introducido la reina Jezabel. Si Elías había defendido la majestad de Dios, su discípulo Eliseo había de manifestar su misericordia. Ambos profetas obedecían al impulso del Espíritu de Dios. 

Al Espíritu se refiere también san Pablo al exhortar a los Gálatas a no seguir los deseos y los instintos inmediatos: “Andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne… Si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley” (Gál 5,13-18).  

ACOGIDA Y SEGUIMIENTO

 Pues bien, el instinto de la ira domina aún en Santiago y Juan, hijos de Zebedeo. Se habían acercado a una aldea de Samaría para pedir alojamiento para Jesús y sus discípulos. Son conocidos los recelos que experimentaban los samaritanos frente a los judíos. Así que bastó que los peregrinos se dirigieran a Jerusalén para ser rechazados.

Santiago y Juan hubieran querido condenar al fuego a aquel poblado. Las diferencias culturales y religiosas, los recelos y los prejuicios no permitían a aquellas gentes practicar la hospitalidad. Por otra parte, los prejuicios y las normas de conducta de su pueblo sugerían a los discípulos el deseo de vengarse de ellos (Lc 9,51-62).

Pero el relato evangélico no se refiere solo a estos dos discípulos que todavía no han asimilado el espíritu de su Maestro. Hay otros tres que podrían haber seguido el camino del discipulado. Al primero Jesús le revela su propia pobreza. No tiene donde reclinar la cabeza. Al segundo le recuerda la primacía del anuncio del reino de Dios.

SEGUIMIENTO Y GENEROSIDAD

 El relato evangélico trata de presentar algunas formas de vocación que debieron de repetirse una y otra vez en las primitivas comunidades cristianas. De hecho, se concluye con el diálogo entre un tercer candidato y el mismo Jesús:

• “Te seguiré Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia”. Con esta frase el texto evangélico nos recuerda el gesto filial de Eliseo. En la comunidad de Israel era muy importante el respeto a los padres y la vinculación con la familia de origen. Este candidato parece decidido a seguir a Jesús, pero no quiere ignorar  a su propia familia.

• “El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios”. La respuesta de Jesús se diferencia de la respuesta que el profeta Elías dio a Eliseo. Jesús no condena las atenciones que una persona debe a su familia. Pero ayuda al candidato a entender que la vocación a seguir al Mesías está antes que todos los deberes.

– Señor Jesús, nosotros te damos gracias por habernos llamado a seguirte en la misión que te ha sido confiada. Tus gestos y tus palabras llenan nuestro corazón y ofrece un alto sentido a nuestra vida. Ayúdanos tú a comprender que la llamada al seguimiento exige una disponibilidad generosa.  

                                                                                         José-Román Flecha Andrés

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SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

DOMINGO, 19 DE JUNIO

SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

          PAPA FRANCISCO: Jesús envió a sus discípulos para que fueran a preparar el lugar donde iban a celebrar la cena pascual. Ellos mismos fueron los que le preguntaron: «¿Dónde quieres que vayamos a preparar la cena de Pascua para que la comas?» (Mc 14,12). También nosotros, mientras contemplamos y adoramos la presencia del Señor en el Pan eucarístico, estamos llamados a preguntarnos: ¿En qué “lugar” queremos preparar la Pascua del Señor? ¿Cuáles son los “lugares” de nuestra vida en los que Dios nos pide que lo recibamos?

Para celebrar la Eucaristía, es preciso reconocer, antes que nada, nuestra sed de Dios: sentirnos necesitados de Él, desear su presencia y su amor, ser conscientes de que no podemos salir adelante solos, sino que necesitamos un Alimento y una Bebida de vida eterna que nos sostengan en el camino. El drama de hoy ―podemos decir― es que a menudo la sed ha desaparecido. Se han extinguido las preguntas sobre Dios, se ha desvanecido el deseo de Él, son cada vez más escasos los buscadores de Dios. Dios no atrae más porque no sentimos ya nuestra sed profunda.

La Eucaristía quiere alimentar al que está cansado y hambriento en el camino, ¡no lo olvidemos! (6-6-2021).

          LECTURAS DEL DÍA: (Gén 14, 18-20; Sal 109, 1bcde.3.3.4; 1Cor 11, 23-26; Lc 9, 11b-17).

          SECUENCIA (Sto. Tomás de Aquino)

-¡Pan del Ángel, pan divino, / nutre al hombre peregrino;/

Pan de hijos; don tan fino, / no a los perros se ha de echar!

-Por figuras anunciado, / en Isaac inmolado,/

maná del cielo bajado, / cordero sobre el altar.

-¡Buen Pastor, Jesús clemente, / tu manjar de gracia fuente,/

nos proteja y dé vigor; / y allá en la región viviente/ que te veamos, Señor.

-Pues poder y ciencia tienes / y aquí abajo nos mantienes,/ con tus santos

llámanos / al festín de eternos bienes,/ comensales del gran Dios. Amén.

¡BENDITO SEAS, JESÚS, EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR! Como mi participación en la Eucaristía no es una vez al año, sino que suelo hacerlo muchos días, tengo especial interés y cuento con tu apoyo, para no “acostumbrarme” a la Eucaristía. Hoy es distinto de ayer y de mañana, y tu presencia viva es siempre nueva. Quiero verte cada día con ojos nuevos para descubrir tu rostro cercano; y, con nuevo corazón, amarte como el mejor amigo y adorarte como mi Dios y mi Señor. Te has quedado para mí: que no pase ningún día sin que recuerde y agradezca ese gesto supremo de amor, que me llama a amarte también en los necesitados. QDOB.

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REFLEXIÓN DEL EVANGELIO- Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. C 19 de junio de 2022

LA PALMERA EN EL ARENAL

“Como estás mi Señor en la custodia, igual que la palmera que alegra el arenal, queremos que en el centro de la vida reine sobre las cosas tu ardiente caridad. Cristo en todas las almas y en el mundo la paz”.

Así cantaba el himno escrito por José María Pemán y musicalizado por Luis de Aramburu para el XXXV Congreso Eucarístico Internacional que se celebró en Barcelona del 27 de mayo al 1 de junio de 1952.

Han pasado ya setenta años. Por entonces muchas personas recordaban los días amargos de la guerra y pedían la amanecida de la paz. Creían que en la eucaristía se puede cncontrar cuanto queda de amor y de unidad. También ahora soñamos con esa palmera que puede traernos la caridad en medio del desierto de la indiferencia.

LA OFRENDA Y LA TRADICIÓN

En la fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo recordamos el pan y el vino del sacrificio de Melquisedec, el rey-sacerdote cananeo que bendijo a Abraham (Gén 14,18-20). En ellos se encontraban dos pueblos, dos culturas y dos creencias. Andando los siglos, la eucaristía había de ser signo de unidad por encima de prejuicios y fronteras.

San Pablo recuerda a los corintios una tradición que él ha recibido y quiere transmitir con fidelidad (1 Cor 11,23-26). Al celebrar la eucaristía, también nosotros hacemos memoria de las palabras de Jesús: 

– “Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros”.  Con el signo del pan, Jesús expresaba su entrega a sus hermanos. Los que participaban en aquella cena y los que habríamos de seguir sus pasos a lo largo de los tiempos.

– “Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre”. El vino compartido hacía visible el sacrificio de Jesús y sellaba la alianza nueva de Dios con los hombres. La sangre significaba una alianza de amor. Era su vida y la nuestra.

– “Haced esto en memoria mía”. La muerte del Justo injustamente ajusticiado nos interpela. En la eucaristía proclamamos que su memoria pervive en nosotros. La presencia de Cristo está viva en medio de su comunidad.

– “Cada vez que coméis de este pan y bebéis de la copa, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva”. La fe cristiana nos lleva a evocar aquella memoria del pasado y a vivir anclados en una esperanza activa del futuro.  

NUESTRA ENTREGA

El evangelio nos propone hoy el conocido relato de la multiplicación o distribución de los panes y los peces. Ante la necesidad de las gentes, Jesús nos invita a compartir con los demás lo que somos y tenemos.   

• “Dadles vosotros de comer”. Estas palabras no reflejan solo una ocurrencia momentánea. No son una simple llamada a la generosidad personal. Tampoco son solamente una indicación para cambiar un sistema económico-social. Son todo eso y mucho más.

• “Dadles vosotros de comer”. Estas palabras de Jesús son una interpelación y un mandato para los discípulos que le seguían. Pero se extienden a todos los cristianos de todos los tiempos. Desenmascaran nuestro egoísmo y nos llaman a la responsabilidad.

• “Dadles vosotros de comer”. Estas palabras de Jesús son un grito profético que  denuncia nuestra insolidaridad y anuncia y propugna una cultura de bienes compartidos. La eucaristía que celebramos nos exige hacer nuestra la entrega de Jesús, vivir un amor sincero a los demás y promover una caridad generosa y una justicia eficaz.

–  Señor Jesús, en la eucaristía tú nos has dejado el memorial de tu pasión y la certeza de tu presencia entre nosotros. Hoy queremos recordar tu mandato y compartir con nuestros hermanos más necesitados el alimento que sacia el hambre y también la fe que ilumina el camino. Amén.

                                                                                      José-Román Flecha Andrés

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SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

DOMINGO, 12 DE JUNIO

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

PAPA FRANCISCO: La Trinidad es el fin último hacia el cual está orientada nuestra peregrinación terrenal. El camino de la vida cristiana es un camino esencialmente tributario. Todo, en la vida cristiana, gira alrededor del misterio trinitario y se cumple en orden a este misterio infinito. Intentemos, por tanto, mantener siempre elevado el tono de nuestra vida, recordándonos para qué fin, para qué gloria existimos, trabajamos, luchamos, sufrimos. Y a qué inmenso premio estamos llamados… Este misterio abraza toda nuestra vida y todo nuestro ser cristiano. Y ahora os invito a hacer todos juntos, y en voz alta, esta señal de la Cruz ¡todos juntos! EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO (31-5-2015).

LECTURAS DEL DÍA: (Prov 8, 22-31; Sal 8, 4-5.6-7.8-9; Rm 5, 1-5; Jn 16, 12-15).

SANTÍSIMA TRINIDAD, te adoro con todo mi ser. Padre, Hijo y Espíritu Santo, quiero vivir consciente de que los Tres habéis venido a mí y habéis hecho morada en mí. ¡Cuánto me habéis amado, cuánto me amáis! Que jamás os pierda por el pecado. Que toda mi vida, junto a la de todas las monjas y monjes contemplativos de la Iglesia, sea una alabanza de vuestra gloria. QDOB.

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REFLEXIÓN -Fiesta de la Santísima Trinidad. C 12 de junio de 2022

          MISTERIO DE DONACIÓN

“El Señor me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas” (Prov 8,22). Esas palabras del libro de los Proverbios se refieren a la sabiduría de Dios, que canta sus orígenes y proclama su papel en la creación del mundo.

La sabiduría no dirige a Dios, sino que ella ha sido también formada por Dios. La sabiduría asiste al comienzo del mundo, pero no como maestra, sino como aprendiz. Por otra parte, “gozaba con los hijos de los hombres”. La sabiduría es el puente que nos une a Dios. 

Con razón podemos proclamar con el salmo responsorial: “Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8,1).

San Pablo escribe que ese puente que nos une a Dios es Jesucristo. Él es la Sabiduría de Dios encarnada en el mundo. Por medio de él hemos recibido la fe y la esperanza. Además, “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5,5).

EN UNIÓN CON EL PADRE

El texto paulino evoca el misterio de la Trinidad. El Padre es Dios. El Hijo es Dios. El Espíritu Santo es Dios. No son tres dioses. Dios es comunidad.

Pues bien, de alguna manera podemos acercarnos a ese misterio. Nuestra fe nos lleva a contemplar la comunidad de Dios. Nuestra esperanza nos mantiene fieles a su voluntad. Y por el amor podemos llegar a “imaginar” el mismo ser de Dios.  

Algo parecido sugiere el evangelio según Juan. El texto que hoy se proclama nos sitúa en el ambiente de la última cena de Jesús con sus discípulos (Jn 16,12-15). En esa cena de despedida Jesús les revela su origen y su identidad: “Todo lo que tiene el Padre es mío”.

Jesús ha vivido a lo largo de su vida en unión con el Padre. Con él comparte el misterio y la profundidad del amor. En este momento, anuncia a sus discípulos que el Espíritu tomará de lo que pertenece a ambos y se lo comunicará a ellos. Les transmitirá la luz de la verdad y la entrega del amor. Así que la Trinidad se revela como un misterio de donación.

LA VERDAD PLENA

En su despedida Jesús deja a sus discípulos una tarea pendiente: “Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora. Cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena”. Esas palabras son una espléndida lección.

 • En primer lugar, nos enseñan que aceptar el mensaje de Jesús requiere una preparación por parte del oyente. El Señor ha previsto una pedagogía especial para que ese mensaje pueda ser escuchado, aceptado y vivido.

•  En segundo lugar, se nos anuncia la llegada y la obra del Espíritu de la Verdad. Bien sabemos que la verdad del Evangelio no siempre es fácil de aceptar, de vivir y proclamar. La fe es un don, pero ese don supone una preparación y exige una respuesta.

• En tercer lugar, se nos asegura la posibilidad y la alegría de llegar a la verdad plena. Nuestra vida ha de estar marcada por la esperanza. Vamos haciendo camino, guiados por la luz del Espíritu que nos descubre la sabiduría y la misericordia de Dios.

– Señor Jesús, vemos en ti la sabiduría de Dios que se ha hecho visible en nuestra tierra y en nuestra historia. Tú nos has manifestado el esplendor de la verdad y la fuerza del amor. Tú nos has revelado el ser y el quehacer de Dios. Bendito seas por siempre. Amén.    

                                                                                José-Román Flecha Andrés   

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DOMINGO DE PENTECOSTÉS

DOMINGO, 5 DE JUNIO

DODMINGO DE PENTECOSTÉS

          PAPA FRANCISCO: «Cuando venga el Paráclito, a quien yo les enviaré desde mi Padre» (Jn 15,26). Con estas palabras Jesús promete a los discípulos el Espíritu Santo, el don definitivo, el don de los dones. Habla de él usando una expresión particular, misteriosa: Paráclito. Acojamos hoy esta palabra, que no es fácil de traducir porque encierra varios significados. Paráclito quiere decir esencialmente dos cosas: Consolador Abogado.

          LECTURAS DEL DÍA: (Hech 2, 1-11; Sal 103, 1ab. 24ac.29bc-30.31.34; 1Cor 12, 3b-7.12-13; Jn 20, 19-23)-

SECUENCIA

Ven Espíritu Divino,

manda tu luz desde el cielo,

Padre amoroso del pobre;

don en tus dones espléndido;

luz que penetra las almas;

fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,

divina luz y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre

si Tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado

cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde

calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus Siete Dones

según la fe de tus siervos.

Por tu bondad y tu gracia

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno.

JESUCRISTO, gracias por el envío de tu Espíritu. Que lo que prometiste que haría el Espíritu, se cumpla en mi vida. ¡Ven, Espíritu Santo, llena mi corazón y enciende en mí el fuego de tu amor! Solo con la asistencia del Espíritu podrá renovarse la faz y la realidad de mi vida, hasta que llegue a ser cristiano, otro Cristo, prolongando tu presencia viva entre los hombres y mujeres del siglo XXI. QDOB.

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REFLEXIÓN . Fiesta de Pentecostés. C 5 de junio de 2022

LA VIDA DEL ESPÍRITU 

 “Cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua” (Hch 2,11).  Esa es la exclamación que recorre las calles de Jerusalén cuando los discípulos salen de la casa donde han sido sorprendidos por el vendaval del Espíritu de Dios.

Antes eran tímidos y ahora son valientes. Antes estaban dominados por el miedo a los jefes de los judíos, pero ahora exponen con energía la obra y la palabra de Jesús de Nazaret. Antes estaban acobardados y desalentados por la muerte ignominiosa de su Maestro. Ahora dan un convencido testimonio de la resurrección de su Señor.

Todos los peregrinos llegados a Jerusalén entienden el mensaje de la verdad. Babel significaba el endiosamiento humano y la confusión de las lenguas. Jerusalén inicia el milagro de la comprensión universal. Babel era el orgullo, la altanería y la confrontación. Pentecostés es el paso del Espíritu, la obediencia de la fe y la era del amor.

TRES DONES

“Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra” (Sal 103). El salmo expresa el anhelo más profundo del corazón humano. El anhelo de “la vida”. El orante de la primera alianza espera recibir el don más precioso e inefable del Espíritu de Dios. Ese Espíritu que la liturgia evoca y confiesa como “Señor y dador de vida”.

Junto al don de la vida, los cristianos imploramos otro don igualmente precioso: el de “la unidad”. En la Iglesia, todos nos reconocemos como miembros de un mismo cuerpo. Todos somos iguales en dignidad, útiles y necesarios. “Todos hemos bebido de un solo Espíritu”, como recuerda Pablo a los corintios (1 Cor 12,13).

Todavía hay un tercer don que agradecemos y tratamos de recordar cada día: el don del “envío”. El Señor resucitado abre ante los discípulos de la primera hora un horizonte universal.  “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo” (Jn 20,21). Un horizonte que se abre cada día ante los creyentes de hoy.

EL MENSAJE

              El Evangelio de Juan que se proclama en esta fiesta de Pentecostés (Jn 29,19-23) nos recuerda además tres aspectos del mensaje de Jesús, que anuncia la llegada de ese don del Espíritu:

 • “Recibid el Espíritu Santo”. No podríamos recorrer los caminos del mundo si no fuéramos movidos por su vendaval. No acertaríamos a transmitir las palabras del Señor. No llegaríamos a hacer visible su presencia sin la gracia del Espíritu. 

• “A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados”.  Jesús es el rostro de la misericordia de Dios. Él ha querido confiar a sus apóstoles el tesoro y la transmisión de su perdón. Solo el Espíritu puede hacernos testigos creíbles del amor y la ternura de Dios.

• “A quienes se los retengáis, les quedan retenidos”. Más asombrosa que la autoridad de perdonar es la responsabilidad de retener el perdón cuando los corazones se endurecen. El Espíritu ha de concedernos la gracia del discernimiento y del buen consejo.   

– “Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo… Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos”. Amén.

                                                                                      José-Román Flecha Andrés

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DOMINGO VII DE PASCUA (ASCENIÓN DEL SEÑOR)

DOMINGO, 29 DE MAYO

DOMINGO VII DE PASCUA

SOLEMNIDAD DE LA ASCENCIÓN DEL SEÑOR

          PAPA FRANCISCO: Con su Ascensión, el Señor Resucitado atrae nuestra mirada al Cielo, para mostrarnos que la meta de nuestro camino es el Padre. En la solemnidad de la Ascensión, renovamos el compromiso de testimoniar. Se trata de ser hombre y mujeres de la Ascensión, es decir, buscadores de Cristo en los caminos de nuestro tiempo, llevando su palabra de salvación a los confines de la tierra. Jesús se va, asciende al Cielo, es decir, regresa al Padre de quien fue enviado al mundo. Hizo su trabajo, luego regresa al Padre. Pero no es una separación, porque permanece con nosotros para siempre, en una forma nueva. Con su ascensión, el Señor resucitado atrae la mirada de los Apóstoles –y también nuestra mirada– a las alturas del Cielo para mostrarnos que el objetivo de nuestro viaje es el Padre. La mirada al Cielo y los pies al mundo.

          LECTURAS DEL DÍA: (Hech 1, 1-11; Sal 46, 2-3.6-9; Ef 1, 17-23; Lc 24, 46-53).

          SEÑOR JESÚS, antes de ascender al Cielo para regresar junto a Padre, recordaste a tus discípulos que ambos les enviaríais vuestro Espíritu Santo. Eso les llenó de alegría y les impulsó a orar incesantemente. Jesús, saber que estás sentado junto al Padre, rodeado de tu Madre y de todos los Ángeles y santos, me mueve a alabarte sin cesar. QDOB. 

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REFLEXIÓN – Solemnidad de la Ascensión del Señor. C 29 de mayo de 2022

ENSEÑANZA Y RECUERDO

“Lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista”. Así describe el autor de los Hechos de los Apóstoles la Ascensión de Jesús a los cielos (Hch 1,9).

La nube es en la Biblia el símbolo clásico para representar la divinidad. Jesús había caminado con sus discípulos como un hombre, aunque se monstraba poderoso en obras y en milagros. Pero ahora se les revelaba a sus discípulos en plenitud la divinidad de su Maestro.

 Con el salmo responsorial, la comunidad que celebra esta fiesta proclama la luz de esa revelación que ilumina también ahora la vida de los creyentes: “Dios asciende entre aclamaciones, el Señor, al son de trompetas (Sal 47,6).

Por otra parte, en la carta a los Efesios se ruega a Dios que nos dé a conocer de verdad la esperanza a la que hemos sido llamados (Ef 1,18).

LA BENDICIÓN

En el evangelio de Lucas que hoy se proclama se nos dice que, mientras Jesús se elevaba hacia los cielos, iba bendiciendo a sus discípulos (Lc 24,50).

A primera vista, aquel gesto final de Jesús pudiera ser interpretado como  una despedida un tanto despreocupada y como  el anuncio de una ausencia, que había de ser lamentada a lo largo de los siglos.

En realidad, aquella bendición del Maestro era la garantía de su presencia. Él había de acompañar a sus discípulos a lo largo de la misión  que les acababa de confiar. En su nombre, ellos habían de predicar la conversión y el perdón de los pecados en todos los pueblos.

Y evidentemente esa tarea propia de la misión que les fue confiada a ellos y nos es confiada también a nosotros requiere la luz y la fuerza que se significan en el gesto de la bendición de Jesús.

ALEGRÍA Y ORACIÓN

Con frecuencia nos peguntamos en qué estado de ánimo quedarían los discípulos de Jesús después de la Ascensión de su Maestro a los cielos. El evangelio según San Lucas nos dice que los discípulos volvieron a Jerusalén con gran alegría y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios. Dos notas que son aplicables también a nuestra siuación actual.

• La alegría no puede identificarse con las satisfacciones inmediatas que buscamos con ansiedad. Esa alegría evangélica nace de la fe, se sustenta en la esperanza y se contagia a los demás en gestos concretos de amor y de servicio.

• La permanencia de los discípulos en el templo recuerda lo que los evangelios cuentan de Jesús. Él acudía a los atrios del templo para exponer su mensaje. Y los discípulos acuden al templo sabiendo que la misión que les ha sido encomendada requiere la oración a Dios.

– Señor Jesús, nosotros te reconocemos como nuestro Maestro y nuestro Señor. Te agradecemos que nos hayas elegido para anunciar tu mensaje y para ser testigos de tu misión. Concédenos tu gracia para que podamos ser portadores de alegría en este mundo que parece tan atribulado y tan desalentado. Amén.

                                                                       José-Román Flecha Andrés

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DOMINGO VI DE PASCUA

DOMINGO, 22 DE MAYO

DOMINGO VI DE PASCUA

          PAPA FRANCISCO: Jesús promete a los Apóstoles el don del Espíritu Santo, cuya tarea será enseñar y recordar sus palabras a la comunidad de los discípulos. Enseñar y recordar: esto es lo que hace el Espíritu Santo en nuestros corazones.

          LECTURAS DEL DÍA: (Hech 15, 1-2.22-29; Sal 66, 2-3.5-8; Apc 21, 10-14.22-23; Jn 14, 23-29).

          SEÑOR JESÚS, sabes que tus discípulos caemos a veces en la tentación de buscarla fama yla notoriedad. En cambio, Tú siempre decías que tus sanadoras palabras no procedían de Ti, sino del Padre. Jesús, quiero ser tan humilde como Tú. Quiero que en mi vida seas Tú siempre el protagonista. QDOB.

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REFLEXIÓN – Domingo 6º de Pascua.C 22 de mayo de 2022

GUARDAR LA PALABRA

“Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas que las indispensables”. En la ciudad de Antioquia de Siria se reunía un grupo de creyentes procedentes de la cultura y de la religión griega. Algunos hermanos, fieles a las tradiciones, pretendían obligarlos a circuncidarse y pasar previamente por el judaísmo.

 Ante la tensión que se había creado, era necesario tomar una decisión. Tras una intensa discusión, los apóstoles y los responsables de la comunidad de Jerusalén decidieron que no era justo imponer esa obligación a los nuevos hermanos. No era cuestión de ritos. Se trataba de reconocer que Jesús era el Salvador de todos. Era preciso armonizar la fidelidad al mensaje recibido con la flexibilidad para extender ese mensaje a otras culturas (Hch 15,1-2.22-29).

Con razón la liturgia nos invita a cantar con el salmo responsorial: “Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben” (Sal 66). La ciudad santa de Jerusalén que desciende de Dios ha de ser la casa común de toda la humanidad (Ap 21,10-14). 

ANUNCIO Y DENUNCIA

 El mensaje evangélico que hoy se proclama se sitúa en el marco de la última cena de Jesús con sus discípulos (Jn 14,23-29). Evoca en primer lugar la dramática seriedad de un testamento y la solemnidad de una profecía que incluye un anuncio y una denuncia.

• “El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”. La palabra de Jesús llega hasta nosotros como un don totalmente gratuito. Lo recibimos con gratitud y esperamos que produzca en nosotros los frutos de la fe.  

El amor al Señor nos ayuda a escuchar y guardar su palabra. Y la fidelidad a la palabra del Hijo nos asegura el amor de su Padre. Gracias a esa palabra divina, nuestra existencia humana es un templo de su gracia. Estamos llamados a ser la morada de Dios en el mundo.   

• “El que no me ama no guardará mis palabras”. He ahí la denuncia profética con la que Jesús saca a la luz nuestras infidelidades de cada día. Unos se avergüenzan de la fe y otros la pregonan por interés. Pero la prueba de nuestro amor al Señor es la escucha de su palabra y el humilde empeño de vivir de acuerdo con ella.

ALIENTO ANTE EL TEMOR

Además, en el texto evangélico que hoy se proclama se recoge una frase de Jesús que nos ofrece el aliento necesario para recorrer el camino que él nos ha indicado.

* “Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde”. El Maestro era consciente del escándalo que sus discípulos habían de padecer. Y los exhortaba a la confianza. Ni la traición de Judas ni la negación de Pedro deberían hacerles perder la esperanza.

* “Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde”. El Maestro anunciaba ya las dificultades que habría de encontrar la comunidad de la Iglesia a lo largo de la historia.  A pesar de todo, la Iglesia debería superar el temor. 

* “Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde”. El Maestro sabía que el corazón es el símbolo de la interioridad de la persona. En realidad trataba de alentar a todos los creyentes a aceptar la cruz y dar testimonio de la esperanza con generosidad y valentía.   

         – Señor Jesús, nosotros creemos que tú eres la palabra de Dios, que ha puesto su tienda en medio de nosotros. Te damos gracias por la luz con que iluminas nuestro camino y por la fuerza con la que nos ayudas a vencer el temor y el desaliento.  

                                                       José-Román Flecha Andrés 

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DOMINGO V DE CUARESMA

DOMINGO, 15 DE MAYO

DOMINGO V DE PASCUA

          PAPA FRANCISCO: La gente conocerá a los discípulos de Jesús por cómo se aman entre ellos [Evangelio de hoy]. En otras palabras, es el documento de identidad del cristiano, es el único “documento” válido para ser reconocidos como discípulos de Jesús. Si este documento caduca y no se renueva continuamente, dejamos de ser testigos del Maestro. Entonces os pregunto: ¿Queréis acoger la invitación de Jesús para ser sus discípulos? ¿Queréis ser sus amigos fieles? El amigo verdadero de Jesús se distingue principalmente por el amor concreto; no el amor “en las nubes”, no, el amor concreto que resplandece en su vida. El amor es siempre concreto. El amor es el don libre de quien tiene el corazón abierto; es una responsabilidad, pero una responsabilidad bella que dura toda la vida; es el compromiso cotidiano de quien sabe realizar grandes sueños. El amor se alimenta de confianza, de respeto y de perdón. El amor no surge porque hablemos de él, sino cuando se vive; no es una poesía bonita para aprender de memoria, sino una opción de vida que se ha de poner en práctica. ¿Cómo podemos crecer en el amor? El secreto está en el Señor: Jesús se nos da a sí mismo en la Santa Misa, nos ofrece el perdón y la paz en la Confesión. Allí aprendemos a acoger su amor, hacerlo nuestro, y a difundirlo en e mundo. Y cuando amar parece algo arduo, cuando es difícil decir no a lo que es falso, mirad la cruz del Señor, abrazadla y no dejad su mano, que os lleva hacia lo alto y os levanta cuando caéis.

          LECTURAS DEL DÍA: (Hech14, 21b-27; Sal 144, 8-13ab; Apoc 21, 1-5ª; Jn 13, 31-33ª.34-35).

          SEÑOR JESÚS, tras salir Judas del cenáculo para cerrar su traición, les diste a tus discípulos el mandamiento del amor. Porque el amor evangélico se vive sobre todo en los más duros percances de la vida, cuando tenemos que glorificarte a Ti sufriendo por tu Evangelio. Jesús, te lo ruego, llena mi corazón con tu Amor misericordioso. QDOB.

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REFLEXIÓN – Domingo 5º de Pascua. C 15 de mayo de 202

LA SEÑAL DEL AMOR

 Listra era una colonia romana en la región de Licaonia. En ella Pablo y Bernabé encontraron a Timoteo, que sería en adelante un fiel discípulo y compañero en la misión.  Además, curaron a un hombre tullido. Asombradas por el milagro, las gentes quisieron adorar a los apóstoles. Cuando ellos gritaron que eran hombres como los demás, el pueblo los apaleó. 

Aleccionados por aquella experiencia, nos legaron una frase que es un aviso inolvidable para todos los evangelizadores: “Hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios” (Hch 14,22). El discípulo tendrá que seguir la suerte de su Maestro. De hecho, la persecución ha acompañado y acompañará siempre a la misión.

La visión que nos ofrece hoy el Apocalipsis nos invita a mantener la esperanza (Ap 21,1-5). Dios no nos promete riquezas y satisfacciones a corto plazo, sino un mundo nuevo: una nueva creación marcada por la presencia de Dios entre nosotros. La nueva Jerusalén  no se distingue por una forma nueva, sino por las nuevas relaciones del hombre con Dios.

PALABRAS INESPERADAS

El evangelio que se proclama en este quinto domingo de Pascua (Jn 13,31-35) se sitúa en el escenario de la última cena de Jesús con sus discípulos. Una vez que Judas salió del Cenáculo para entregar a su Maestro en manos de los sacerdotes del templo de Jerusalén, Jesús dirigió a los Once una revelación y una profecía.

 • “Ahora es glorificado el hijo del hombre, y Dios es glorificado en él”. Para Jesús, aquella salida del discípulo traidor marcaba la llegada de su propia glorificación. Jesús había previsto este momento. Es más, lo había anunciado a sus seguidores. Pero ellos no podían imaginar que la glorificación de su Maestro iba a coincidir con la crucifixión.

• “Hijitos, me queda poco de estar con vosotros”. Nos sorprende la ternura con que Jesús se dirige a sus discípulos. Solamente en esta ocasión aparece la palabra “hijitos” en los evangelios. Nos sorprende también la claridad con la que Jesús ha previsto su suerte y su muerte. El tiempo de su misión terrestre toca a su fin. Y él lo sabe.

LA CLAVE DEFINITIVA

 Pero hubo algo más. Jesús había aceptado la regla de oro de todas las culturas: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Mc 12,31). En realidad, ya la recogía la tradición de su pueblo (Lev 19,18). Pero en su despedida Jesús se presentaba como el referente de aquel mandato. El Maestro dejaba a los suyos la clave por la que habían de distinguirse.

• “Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado”. Lo habitual era que el mismo sujeto se tomara a sí mismo como el árbitro del amor. Desde ahora, el motivo del amor solo puede ser el amor que ha orientado la vida de Jesús.

• “La señal por la que conocerán que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros”. Los grupos humanos tratan de distinguirse por sus hábitos o sus himnos, sus banderas o sus comidas. Los discípulos de Jesús habrán de distinguirse por el amor mutuo.

– Señor Jesús, si tú has llamado hijos a tus discípulos, eso significa que ellos son hermanos. Todos somos hermanos, como nos ha recordado el papa Francisco. Por tanto, solo el amor fraternal puede ser la señal para reconocernos y para hacernos reconocer por los demás. Que tu Espíritu nos ayude a comprender el significado de esa entrega personal. Que él nos enseñe a amar a los demás como tú nos has amado. Amén. 

                                                                                José-Román Flecha Andrés

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DOMINGO IV DE PASCUA

DOMINGO, 8 DE MAYO

DOMINGO IV DE PASCUA

PAPA FRANCISCO: Nuestra vida está totalmente segura en las manos de Jesús y del Padre, que son una sola cosa: un único amor, una única misericordia, reveladas de una vez y para siempre en el sacrificio de la cruz. Él es nuestro guía, nuestro maestro, nuestro amigo, nuestro modelo, pero sobre todo es nuestro salvador. A veces Jesús nos llama, nos invita a seguirle, pero tal vez sucede que no nos damos cuenta de que es Él…

          LECTURAS DEL DÍA: (Hech 13, 14.43-52; Sal 99, 1b-3.5; Apc 7, 9.14b-17; Jn 10, 27-30).

          SEÑOR JESÚS, nos dices que formamos parte de tu rebaño. Tú hablas personalmente con cada uno de nosotros y nos transmites tu Amor, que es eterno. Jesús, ayúdame a estar unido a Ti como Tú estás unido al Padre. Deseo que Tú y yo seamos uno. QDOB.

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REFLEXIÓN – Domingo 4º de Pascua. C 8 de mayo de 2022

        EL PASTOR Y SU REBAÑO

“Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor” (Hch 13,46). Pablo y Bernabé habían querido anunciar el mensaje de Jesucristo a los judíos, pero ellos respondieron con blasfemias.

Sin embargo, los gentiles, es decir los miembros de la comunidad helenista, recibieron con alegría la noticia de que aquellos apóstoles habían decidido entregarles a ellos aquel mensaje de salvación. Así que alabaron la palabra del Señor, la acogieron y la difundieron por toda la región. Aquella experiencia reveló a los misioneros lo que el Señor esperaba de ellos.

Con el salmo responsorial anticipamos nuestra actitud ante el mensaje del evangelio: “Somos su pueblo y ovejas de su rebaño” (Sal 99).

Nuestra fe nos dice que, a pesar de nuestras tribulaciones, el Cordero que está delante del trono de Dios será nuestro pastor y nos conducirá hacia fuentes de aguas vivas (Ap 7,17). 

DONES Y PROMESAS

  La imagen de Jesús como pastor es característica de este cuarto domingo de Pascua. En este año vemos que Jesús se identifica con el pastor generoso que guía y protege a las ovejas recibidas de su Padre celestial (Jn 10,27-30). 

De hecho, el evangelio de hoy nos ofrece tres contraposiciones. En las dos primeras se mencionan los dones que revelan la misericordia del buen pastor. Y en la tercera  se exponen dos promesas que orientan la esperanza de las ovejas de su rebaño y les ofrecen seguridad para el tiempo de la persecución:

• “Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco”.  El primer don del buen pastor es la escucha. Quien está dispuesto a escuchar su voz en un tiempo marcado por los discursos de los interesados podrá ser fiel a la llamada del Señor.

• “Mis ovejas me siguen y yo les doy la vida eterna”. El segundo don es la vida sin término. Está especialmente prometida a los fieles que superan sus intereses y siguen al Señor, al igual que  las ovejas siguen a su pastor. 

• “Mis ovejas no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano”. El tercer don es la promesa de la tutela del pastor sobre las ovejas que han dado pruebas de su pertenencia y de su fidelidad al Señor. Ser de Cristo da una seguridad insuperable. 

EL PADRE CELESTIAL

De pronto, el breve texto del evangelio de Juan que hoy se proclama parece dejar de lado la relación de Jesús con sus discípulos y seguidores para revelarnos su relación personal con su Padre celestial. Tres notas la revelan:

• “Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas”. Además de compartir la divinidad, el Padre había confiado a Jesús la preciosa misión de hacer presente en la tierra su gracia y su misericordia. El Padre amaba al mundo y su Hijo lo iba demostrando cada día.

• “Nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre”. Antes y ahora muchos han pretendido arrebatarle a Dios las claves del ser y del saber, Pero se olvida que nuestro credo proclama que el Padre es todopoderoso. Y es “todo-misericordioso”.

• “Yo y el Padre somos uno”. El evangelio según Juan insiste una y otra vez en repetir esta unidad existente entre el Padre y el hijo. Una unidad en el ser y en el obrar, en el amar y en el perdonar. En el Hijo hemos descubierto el verdadero rostro del Padre.

– Señor Jesús, Juan Bautista te presentó como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Aquella imagen que remitía a los ritos del templo nos lleva también a considerarte como nuestro Pastor. Sabemos y creemos que tú nos guías por el camino y nos defiendes del mal. Queremos permanecer a la escucha fiel de tu palabra. Danos tu luz y tu fuerza para anunciarla y tu gracia y tu ayuda para dar testimonio de ella con nuestra vida.  Amén.

                                                                                    José-Román Flecha Andrés

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DOMINGO III DE PASCUA

DOMINGO, 1 DE MAYO

DOMINGO III DE PASCUA

(SAN JOSÉ OBRERO)

PAPA FRANCISCO: San José merecerá todo nuestro reconocimiento y devoción por cómo supo custodiar a la Virgen y a Jesús. Él no era el padre de Jesús: el padre de Jesús era Dios, pero él hacia de padre de Jesús para ayudarle a crecer en sabiduría, edad y gracia.

          LECTURAS DEL DÍA: (Hech 5, 27b-32.40b-41; Sal 29, 2 y 4.5-6.11 y 12ª y 13b; Apc 5, 11-14; Jn 21, 1-14).

          SEÑOR JESÚS, te apareciste resucitado a tus discípulos en Galilea, y les invitaste a comer un pecado que Tú mismo habías cocinado en las brasas. Les mostraste así que el Evangelio que ellos debían predicar, también se disfruta comiendo todos juntos y pasando una agradable sobremesa. Jesús, deseo compartir la alegría de tu Reino con mis familiares y amigos. QDOB.

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REFLEXIÓN – Domingo 3º de Pascua. C 1 de mayo de 2022

JUNTO AL LAGO

En este domingo tercero de Pascua recordamos las palabras con las que Pedro responde a los dirigentes judíos que le prohíben hablar y actuar en el nombre de Jesús (Hch 5,27-41). 

• “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Las prohibiciones humanas no podrán frenar al apóstol que está dispuesto a dar la vida por el mensaje de Cristo.

• “El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús”. Frente a la fuerza humana esté el poder divino, que ha resucitado a Jesús. De esa fe recibe el misionero su valentía.

• “Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo que Dios da a los que le obedecen”. Gracias al Espíritu los creyentes pueden dar testimonio de su fe en Jesucristo.  

A lo largo de los tiempos, los testigos de Cristo pueden cantar con el salmo responsorial: “Te ensalzaré, Señor, porque me has librado” (Sal 29). 

Con el Apocalipsis reconocen hoy al Señor como nuestro liberador y proclamamos el poder, el honor y la gloria que merece el Cordero degollado (Ap 5,11-14).

EL IDEAL PRIMERO

El texto evangélico nos invita a recuperar el ideal primero (Jn 21,1-19). Nos recuerda que Jesús había encontrado a sus discípulos a las orillas del lago de Galilea. Y allí vuelve el Resucitado para repetir los gestos de la llamada original. 

• De nuevo los discípulos pasan por la experiencia de una noche de pesca infructuosa. Y pasan de nuevo por la gozosa experiencia de una amanecida en la que la obediencia al Señor les lleva a llenar sus redes con una enorme cantidad de peces.

• De nuevo, el Señor toma el pan y el pescado y lo reparte entre sus discípulos. De nuevo se repiten los gestos venerables que significan y hacen visible su misericordia. Y, sobre todo, su entrega personal a los que ha elegido

• De nuevo Jesús, se dirige a Simón Pedro con una palabra que caracteriza el discipulado: “Sígueme”. Ahora se repite la misma invitación de aquella vez, cuando lo encontró realizando sus tareas de pescador en aquella ribera del lago. 

Y LA CONFESIÓN DEL AMOR

  Pedro había prometido seguir a Jesús hasta la muerte, pero tres veces declaró no conocerlo. Ahora, el Resucitado no pretende recordar aquella traición y reprender por ella al discípulo. Viene a confirmar la fidelidad de Pedro y a confiarle la misión del pastoreo.

• “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. A tres negaciones de Pedro corresponden tres preguntas de Jesús.  Parece que van del amar al querer bien al Señor. Es como si el Maestro fuera bajando el tono para acomodarse a las posibilidades y la fragilidad de su apóstol.

• “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús conoce bien los sentimientos de Simón. Conoce su generosidad, pero también su debilidad. Él sabe que solo amamos a aquellos de los que todavía esperamos algo. Y espera de sus discípulos al menos una confesón de amor. 

• “Apacienta mis corderos y mis ovejas”. En otro tiempo Jesús había prometido a Simón el encargo de ser pescador de hombres. Ahora le confía la responsabilidad de ser pastor del propio rebaño, por el que el Pastor bueno había entregado la vida.  

– Señor Jesús, tú nos conoces bien. Sabes que también nosotros somos débiles e incoherentes. Pero sabes también que te queremos y agradecemos tu llamada. Perdona nuestros descuidos y nuestras traiciones. Y ayúdanos a seguirte siempre con fidelidad y a ser testigos de tu misericordia Amén. 

                                                                            José-Román Flecha Andrés

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DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

DOMINGO, 17 DE ABRIL

DOMINGO DE PASCUA

DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

          PAPA FRANCISCO: Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. <<No está aquí. Ha resucitado… Venid a ver el sitio donde lo pusieron>> (Mt 28, 5-6). Esta es la culminación del Evangelio, es la Buena Noticia por excelencia: Jesús, el crucificado, ha resucitado. Este acontecimiento es la base de nuestra fe y de nuestra esperanza. Jesús, el Amor encarnado, murió en la cruz por nuestros pecados, pero Dios Padre lo resucitó y lo ha constituido Señor de la vida y de la muerte. En Jesús, el Amor ha vencido al odio, la misericordia al pecado, el bien al mal, la verdad a la mentira, la vida a la muerte. No privemos al mundo del gozoso anuncio de la Resurrección.

          LECTURAS DEL DÍA: Hech 10, 34a.37-43; Sal 117, 1-2.16-17.22-23; Col 3, 1-4; Jn 20, 1-9).

SECUENCIA

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Victima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»

Primicia de los muertos,
Sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte e
n tu victoria santa.

SEÑOR JESÚS, ¿cómo fue capaz el Espíritu Santo de iluminar a los evangelistas para que narrasen con meras palabras humanas la sobrenatural vivencia de tu Resurrección? Tú nos das la respuesta cuando participamos en la Misa de Pascua: los evangelistas nos comunican una experiencia que vivimos en el corazón y compartimos con la comunidad. Jesús, gracias por resucitar en mi vida. QDOB.

****************** 

REFLEXIÓN – Solemnidad de la Resurrección del Señor 17 de abril de 2022

CREDO DE LA PASCUA

La solemnidad de la Pascua es el centro del año litúrgico. La celebración de la Resurrección de Jesucristo es motivo de inmensa alegría para todos los cristianos. Y es también una excelente ocasión para revisar nuestra fe, nuestra esperanza y las decisiones orientadas por el amor.

Examinar en este día de Pascua nuestra responsabilidad en el ejercicio de las tres grandes virtudes equivale a considerar la seriedad y la coherencia de nuestra adhesión a la vida cristiana. E implica también revisar nuestra responsabilidad por la promoción de la justicia y la creación de una sociedad más humana.

Algo de eso tratamos de expresar con esta especie de pregón pascual que pretende ser, a la vez, oferta y entrega, oración y profecía, confesión y compromiso:

Señor Jesucristo,

 • Creo que en tu resurrección  de entre los muertos alcanzan la plenitud de su sentido mi vivir, mi caminar y mi morir.

• Creo que en tu resurrección  mi fe ha encontrado su apoyo más firme en la luz, en la fuerza y en la paz que nos ofrece tu presencia.

• Creo que en tu resurrección  ha sido vencida definitivamente mi cobardía y han sido  desafiados todos mis viejos temores.

• Creo que en tu resurrección yo he sido despertado a una vida sin murallas ni fronteras.

• Creo que en tu resurrección pierden peso los rencores entre hermanos y apoyo las turbias asechanzas de los hombres.

• Creo que en tu resurrección esta mi carne mortal ha recibido ya las arras de una vida que se extiende más allá de la muerte.

• Creo que en tu resurrección nuestra fe ha adquirido categoría de palpabilidad y de contacto, de certeza y de promesa.

• Creo que en tu resurrección nuestra esperanza ha dejado de confundirse con un frívolo optimismo y con una utopía ineficaz.

• Creo que en tu resurrección nuestro amor humano renace finalmente en una sincera cercanía  a los que nada son y nada cuentan.

• Creo que en tu resurrección la historia de los hombres y mujeres de nuestra sociedad puede hallar al fin su centro y su último sentido.

• Creo que en tu resurrección el mundo en que vivimos ha dejado de ser tan sólo un escenario  para convertirse de verdad en compañero del hombre.

• Creo que en tu resurrección todas las cosas de esta tierra han recobrado su limpia luz de la creación recién nacida.

• Creo que en tu resurrección fueron bendecidos el trabajo y el progreso, el dolor y el sufrimiento, el amor y la amistad.

• Creo que en tu resurrección a todos los pobres, marginados y descartados de este mundo se les anuncia la definitiva y feliz liberación.

• Creo que en tu resurrección los hermanos difuntos que nos han precedido en el signo de la fe alcanzan finalmente la paz y la luz de tu presencia.

Amén. Aleluya.

                                                                                    José-Román Flecha Andrés

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